Cuando alguien le preguntaba como le iba, el respondía: “Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”. Era un tipo genial, por lo que tenia varios amigos que lo habían seguido de lugar en lugar y de años en años. La razón por la que sus amigos lo seguían era por su actitud. El era un motivador natural: Si un amigo tenia un mal día, el estaba ahí para decirle como mejorarlo y como ver el lado positivo de su situación. Sacaba sonrisas.
Ver este estilo realmente me causo curiosidad, así que un día fui a buscar a Juan y le pregunte: No lo entiendo… no es posible ser una persona positiva todo el tiempo, no es posible vivir y estar así toda la vida ¿Cómo haces?
Juan respondió: “Cada mañana me despierto y me digo a mi mismo, Javito, tenés dos opciones el día de hoy: Podés elegir estar de mal humor hoy, o podes elegir estar de buen humor”. “Elijo estar de buen humor”.
“Cada vez que sucede algo malo, puedo elegir entre ser una victima o aprender de ello. Elijo aprender de ello”.
“Cada vez que alguien viene a mi para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo enseñarle el lado positivo de la vida. Prefiero el lado positivo de la vida”.
Si, claro, pero no es tan fácil, protesté. Si lo es, dijo Juan. “Tooooodo en la vida es acerca de elecciones”. “Vos elegís como matar el país” me dijo en chiste refiriéndose a las elecciones políticas. Luego retomó “Vos elegís como reaccionas a cada situación, vos elegís como la gente afectará tu estado de ánimo, vos elegís estar de buen humor o de mal humor”.
En resumen: “Vos elegís como vivir la vida”.
Reflexioné en lo que Juan me dijo. La verdad, después de esta explicación me dejo sin piso.
Poco tiempo después, me aleje de Juan, para iniciar mis propios propósitos y proyectos de vida.
Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Juan cuando tenía que hacer una elección en la vida, en vez de reaccionar a ella. Algunos años mas tarde, me enteré que a Juan le paso un evento muy desafortunado. El ya había estado muy cerca de perder la vida dos veces, contando ésta sería la tercera. Le habían hecho una muy delicada cirugía cerca del abdomen, esas cirugías de “todo o nada”, pero en esta ocasión lo agarro desprevenido. Había comido Empanadas Fritas, lo hizo sin darse cuenta que llevaba mucho tiempo constipado y lo hizo como inconsciente de lo que hacia, pues, charlando entre amigos, se olvido de que una parte de sus sistema digestivo andaba mal. Fue atendido relativamente sobre la hora y llevado de emergencia clínica.
Después de 21 horas de cirugía y semanas en terapia intensiva, Juan fue dado de alta a los 2 meses, aun con daños colaterales dentro de su cuerpo. Me encontré con Juan 4 meses después del accidente, sentado solo en un banco de la plaza y cuando le pregunte como estaba, me respondió: “Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”. Le pregunté (sin intenciones de desanimarlo), que paso por su mente el día del accidente.
Contesto: “Lo primero que me vino a mi mente fue que las empanadas estaban riquísimas, pero no tendría que ni si quiera haberlas probado. Cuando estaba, todavía consciente antes de entrar al Hospital recordé que tenía 2 opciones, como lo había hecho anteriormente 2 veces: Podía elegir vivir o elegir morir. Elegí vivir”. (Obviamente sabiendo que en algún momento el humano se tiene que morir) pero luego proseguí y le pregunte: ¿No sentiste miedo? Juan continuo: “Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de los médicos y enfermeras, realmente me asusté mucho… de fondo se escuchaba que al doctor le susurraban: “Doctor, doctor, tiene obstrucción por bridas, comió empanadas fritas, hace 6 días…es muy difícil hacer ahora la cirugía”…daba miedo, si, y mucho. Y hasta podía leer en sus ojos húmedos: es hombre muerto. Supe entonces que debía tomar una decisión, como hago diariamente… ¿Qué hiciste?, pregunté.
Bueno… uno de los médicos, que no pude distinguirlo porque me costaba abrir los ojos, me pregunto si yo era alérgico a algo, y respirando profundo como tratando de gritar dije: ¡Si!, a las empanadas…Mientras sonreían les dije como pude: “Estoy tratando de vivir, es lo que elegí…opérenme como si pareciera que estuviera vivo, no muerto” el doctor ya confiado dijo: “Gracias por tu apoyo y así será…ahora empieza a contar hasta 10” era el momento de la anestesia.
Juan, vivió por la maestría de los médicos, pero sobre todo por su asombrosa actitud.
Aprendí que cada día tenemos la elección de vivir plenamente. La Actitud, al final, lo es todo y la Fe su apoyo.
Ver este estilo realmente me causo curiosidad, así que un día fui a buscar a Juan y le pregunte: No lo entiendo… no es posible ser una persona positiva todo el tiempo, no es posible vivir y estar así toda la vida ¿Cómo haces?
Juan respondió: “Cada mañana me despierto y me digo a mi mismo, Javito, tenés dos opciones el día de hoy: Podés elegir estar de mal humor hoy, o podes elegir estar de buen humor”. “Elijo estar de buen humor”.
“Cada vez que sucede algo malo, puedo elegir entre ser una victima o aprender de ello. Elijo aprender de ello”.
“Cada vez que alguien viene a mi para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo enseñarle el lado positivo de la vida. Prefiero el lado positivo de la vida”.
Si, claro, pero no es tan fácil, protesté. Si lo es, dijo Juan. “Tooooodo en la vida es acerca de elecciones”. “Vos elegís como matar el país” me dijo en chiste refiriéndose a las elecciones políticas. Luego retomó “Vos elegís como reaccionas a cada situación, vos elegís como la gente afectará tu estado de ánimo, vos elegís estar de buen humor o de mal humor”.
En resumen: “Vos elegís como vivir la vida”.
Reflexioné en lo que Juan me dijo. La verdad, después de esta explicación me dejo sin piso.
Poco tiempo después, me aleje de Juan, para iniciar mis propios propósitos y proyectos de vida.
Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Juan cuando tenía que hacer una elección en la vida, en vez de reaccionar a ella. Algunos años mas tarde, me enteré que a Juan le paso un evento muy desafortunado. El ya había estado muy cerca de perder la vida dos veces, contando ésta sería la tercera. Le habían hecho una muy delicada cirugía cerca del abdomen, esas cirugías de “todo o nada”, pero en esta ocasión lo agarro desprevenido. Había comido Empanadas Fritas, lo hizo sin darse cuenta que llevaba mucho tiempo constipado y lo hizo como inconsciente de lo que hacia, pues, charlando entre amigos, se olvido de que una parte de sus sistema digestivo andaba mal. Fue atendido relativamente sobre la hora y llevado de emergencia clínica.
Después de 21 horas de cirugía y semanas en terapia intensiva, Juan fue dado de alta a los 2 meses, aun con daños colaterales dentro de su cuerpo. Me encontré con Juan 4 meses después del accidente, sentado solo en un banco de la plaza y cuando le pregunte como estaba, me respondió: “Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”. Le pregunté (sin intenciones de desanimarlo), que paso por su mente el día del accidente.
Contesto: “Lo primero que me vino a mi mente fue que las empanadas estaban riquísimas, pero no tendría que ni si quiera haberlas probado. Cuando estaba, todavía consciente antes de entrar al Hospital recordé que tenía 2 opciones, como lo había hecho anteriormente 2 veces: Podía elegir vivir o elegir morir. Elegí vivir”. (Obviamente sabiendo que en algún momento el humano se tiene que morir) pero luego proseguí y le pregunte: ¿No sentiste miedo? Juan continuo: “Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de los médicos y enfermeras, realmente me asusté mucho… de fondo se escuchaba que al doctor le susurraban: “Doctor, doctor, tiene obstrucción por bridas, comió empanadas fritas, hace 6 días…es muy difícil hacer ahora la cirugía”…daba miedo, si, y mucho. Y hasta podía leer en sus ojos húmedos: es hombre muerto. Supe entonces que debía tomar una decisión, como hago diariamente… ¿Qué hiciste?, pregunté.
Bueno… uno de los médicos, que no pude distinguirlo porque me costaba abrir los ojos, me pregunto si yo era alérgico a algo, y respirando profundo como tratando de gritar dije: ¡Si!, a las empanadas…Mientras sonreían les dije como pude: “Estoy tratando de vivir, es lo que elegí…opérenme como si pareciera que estuviera vivo, no muerto” el doctor ya confiado dijo: “Gracias por tu apoyo y así será…ahora empieza a contar hasta 10” era el momento de la anestesia.
Juan, vivió por la maestría de los médicos, pero sobre todo por su asombrosa actitud.
Aprendí que cada día tenemos la elección de vivir plenamente. La Actitud, al final, lo es todo y la Fe su apoyo.
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